Salida en cuesta

En los noventas, cuando apenas cruzaba los quince años, decidí aprender a conducir un vehículo automotor. En ese momento, como muchas de las iniciativas en la adolescencia, mis motivos eran dos: Mi círculo de amigos y el impulso rebelde-adolescente. Quizás lo fue más el primero. Así, y luego de intentar mover un par de veces el carro de mamá, me inscribí en la Escuela de Manejo "Orellana". Diez clases prácticas bastaron para aprender lo básico en la conducción de un automotor. Lo clásico entre las dificultades: El cambio de tercera a segunda y la salida en subida. Meses después obtuve la Licencia de Conducir Particular y años después la Liviana, previo examen en pick-up. Si el cálculo matemático no me falla, tengo más de 14 años de ser conductor con "papeles". Gracias a Dios, ningún accidente grave. He golpeado tres o cuatro vehículos. La mayoría con postes, estructuras de hierro y vehículos estacionados. Aclaro: todo sin generar mayores daños a terceros. Hace siete años, creyéndome capaz de enseñarle a otro, decidí instruir a un chero de la parroquia. Me parece que aprendió también lo básico. Actualmente, conduce su propio vehículo con normalidad. Hace dos y medio, una persona muy cercana en ese momento, soportó mis quejas e impaciencias de este servidor, logrando tomar lo básico de la conducción. También maneja su propio vehículo con tranquilidad. Uno de estos días, el jueves, para ser más específico, en mi afán por obtener la Licencia para motocicleta, tomé "prestada" la moto de papá y me aventuré a practicar, casi de noche, en las calles del norte de San Salvador. No fue tan buena idea, debo admitirlo. Por suerte, no se dio ningún accidente. Eso no limitó el número de desaciertos y penas que me tocó pasar a lo largo del recorrido. El estado anímico de ese día no ayudó. Una semana que cierra con menos dolor de espalda y más dudas. A la reflexión le puse pausa. La novedad me obligó a hacerlo. Por el momento, la vida se torna como salida en cuesta. La dependencia al clutch, las llantas, el estado de la calle y/o la experiencia del conductor.

Se ha escrito,
Paz y Bien.  

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